Si estás aburrido de ver tu casa siempre igual y te apetece un gran cambio, no lo pienses más y ponte manos a la obra

No es necesario meterse en reformas para conseguir darle a tu casa una nueva imagen mucho más nueva, alegre y fresca. Tú misma puedes hacerlo pintando las paredes, ventanas, techos, suelos y la puertas en tonos que te animen y que impriman al espacio luz y armonía.

Si tienes un chalet o casa de pueblo no te limites a pintar el interior.

Anímate a dar un nuevo aire a tu patio dando color al muro, contraventanas, incluso al suelo. Así mismo, una fachada puede cambiar totalmente su aspecto pintando el muro, la puerta y las ventanas con colores alegres. Imagínate que todos los vecinos dierais color a vuestras fachadas con tonos llenos de vida; el pueblo parecería otro!

Cambiar los colores de tu casa es una fórmula que no falla para levantar el ánimo. Un entorno bonito y agradable es fundamental para mantener tu equilibrio emocional.

Existen todo tipo de estudios sobre la influencia que ejercen los colores en el ser humano. Por eso no es lo mismo elegir un color para el dormitorio, donde lo que se pretende es conseguir un estado de relax que nos induzca al sueño, (para ese fin son indicados los colores fríos, como azules o verdes) que pintar la cocina, por ejemplo, donde lo que queremos es inspirarnos y potenciar nuestra creatividad, además de estar contentos y con ilusión mientras preparamos la comida. En ese caso los más apropiados son los colores calientes, como rojos, rosas y anaranjados.

Sin embargo, lo importante es que los colores que elijamos nos gusten, reflejen nuestra personalidad y nos alegren la existencia. Por tanto es mejor dejar apartadas las normas preestablecidas y dejarnos guiar por el corazón.

A la hora de decidir los colores que elegiremos para el interior de nuestra casa, hay que tener en cuenta la luz natural que reciba. Si tienes grandes ventanales y entra mucha luz puedes permitirte el lujo de tener colores más fuertes y oscuros, como marrón chocolate, verde inglés, azul intenso o rojo lacre, mientras que si la vivienda es oscura es mejor un blanco roto o un gris muy claro para las paredes, dando la nota de color en elementos puntuales como las puertas y los cercos de las ventanas, las vigas o incluso los muebles. También podemos jugar con colorear cada pared de un tono distinto, o dejar todas en blanco menos una. En ese caso tendremos en cuenta en qué pared da la luz y cuales están a la sombra

Hace unos cuantos años se pusieron muy de moda los colores muy pálidos, como el vainilla o el salmón claro para las paredes. Todo por no arriesgarse a un color más atrevido. Cuántas veces hemos oído eso de “Este color me puede cansar, por eso prefiero algo discreto” En ella rural no compartimos esta idea, y pensamos que lo aburrido cansa mucho más que lo divertido. Si estás rodeado de colores vivos y alegres, lógicamente te alegrarán la vida.

Atrévete con colores normalmente llamados “arriesgados” olvidándote de las normas que hayas oído por ahí. Las normas cambian como las modas, lo que un día es lo más al día siguiente ya no vale. Tomemos como ejemplo la teoría de que el rojo y el rosa siempre “se mataron” hasta que una conocida diseñadora los convirtió en su sello personal con sus corazones y ahora combinan perfectamente y se ven juntos por todas partes. Lo importante es que tengas tus propias normas, tú eres la dueña de tu vida y de tu casa y te tiene que gustar a ti.

Las combinaciones de tonos tienen que resultar agradables a tu vista y no hay más normas. Mira revistas fijándote en los colores, vete a tiendas del sector para hojear catálogos, metete en internet y empápate de imágenes de paredes y puertas en diferentes colores.

Hazlo sin condicionantes ni prejuicios, con la mente muy libre. Olvídate de si pega o hace juego con tus muebles, a los que siempre podrás dar un cambio de look tuneándolos o dándole toques del color de la pared en los tiradores o pomos , por ejemplo.

Cuando sientas el flechazo en tu corazón al ver determinados colores, esos son los que debes elegir.

Existe la costumbre de pintar el techo blanco, sea cual sea el color de las paredes. Esto dificulta mucho la labor, ya que no te puedes pasar de la raya y hay que estar encintando todo el contorno de la habitación. Una excelente idea es pintar el techo igual que las paredes, siempre y cuando el color no sea muy oscuro. La teoría de que el techo se nos va a caer encima es absolutamente falsa, y muy al contrario la habitación parecerá más grande. También puedes pintar elementos del techo con un color destacado, como ventiladores de techo, rosetones de escayola o vigas de madera.